La historia, como la música, necesita un pulso para cobrar sentido. Cuando los hechos se dispersan, la melodía se deshace: por debajo de 33–40 pulsaciones por minuto, los sonidos ya no se reconocen como canción; algo parecido ocurre al mirar siglos aislados (London 2012; Fraisse 1963). Por eso vale la pena “agrupar” la experiencia peruana en tres grandes eras doradas: secuencias coherentes que nos devuelven esperanza y dirección.
Primera era dorada: el Tahuantinsuyo. Con Pachacútec Inca Yupanqui y la promesa del Sol, el Cusco se convierte en un proyecto civilizatorio que integra costa, sierra y selva. La cosmovisión andina reconoce a Viracocha como ordenador del cosmos, y el culto al Inti se reorganiza en un Estado que construye caminos, almacenes, terrazas y redes de redistribución: el Qhapaq Ñan, hoy Patrimonio Mundial, es el símbolo tangible de esa inteligencia colectiva (Sarmiento de Gamboa 1572; Betanzos 1551; UNESCO 2014). Más allá del mito, lo esencial es la capacidad de tejer diversidad con propósito.
Segunda era dorada: el “Reino/Virreinato del Perú”. Desde 1542, Lima se vuelve nodo de un sistema que conecta Potosí con Sevilla, Acapulco y Manila. La plata articula tecnologías, fiscalidad y rutas que enlazan el Atlántico y el Pacífico; florecen ciudades, artes y universidades como San Marcos (Elliott 2006; Lane 2019). En el lenguaje jurídico de la época, fue parte de la Monarquía Hispánica; la historiografía moderna lo estudia como periodo colonial. Ese doble lente —centro del mundo y dominio imperial— ayuda a entender sus luces y sombras, y su legado institucional.
Tercera era dorada: la que empieza hoy.
El Perú puede ser potencia de conocimiento, sostenibilidad e innovación si sincroniza esfuerzos que ya existen: capital natural único, minerales críticos para la transición energética, y un ecosistema emprendedor que avanza en agrotech, fintech y biotecnología. Organismos como el Banco Mundial y el BCRP coinciden en que, con mejores instituciones, productividad e infraestructura, el país puede recuperar crecimiento inclusivo y atraer inversión responsable (World Bank 2024; BCRP 2024).
La cartera de asociaciones público-privadas en transporte, energía y saneamiento abre oportunidades si se ejecutan con transparencia y enfoque territorial (ProInversión 2024). Y la Política Nacional de CTI traza ruta: talento, transferencia tecnológica y articulación empresa-academia para innovar cuidando la casa común (CONCYTEC 2021). La era dorada que anhelamos no es nostalgia; es una tarea diaria que nos convoca.
Finalmente, pienso que la tercera era de oro del Perú debería buscar unirnos entre países hermanos, retomando la cooperación para un presente y futuro mejor.
Y ya que estamos hablando de “eras de oro”, hoy, aparte de agradecer a Dios, quiero mandar un saludo y un agradecimiento especial a unas “guerreras de oro” que me han ayudado a lograr los objetivos propuestos. A ellas, muchas gracias por todo: Anilú, Julia Victoria, Miranda, J.J., Pamela, Alana, Nancy, Rocío, Katia, Ruth, Denisse, July, Rosa, Fiorella, Gabriela, Sophie, Katherine, Florencia, Karina, Silvia, Giovanna, Cuper, Mariana, Carolina y Nala.
Hoy este DJ de periódico te recomienda y le dedica al Perú y a todas sus guerreras de oro a Huntrix y su canción “Dorada”.
¡Bienvenido 2026 y que empiece el show!

Comentarios de Facebook