El mercurio no huele, no tiene sabor, es plateado y líquido y fluye como si fuera agua pesada. Es uno de los venenos más persistentes y peligrosos.
Los mineros ilegales lo usan para amalgamar el oro en zonas como La Rinconada y Ananea, y también en los ríos de zonas protegidas de la selva. Sus efectos nocivos ya se sienten en el río Ramis y en el lago Titicaca, así como los caudales que nacen en Inambari y Tambopata, considerados como las venas del altiplano.
SU ALIADO MORTAL
Según investigadores, para obtener un gramo de oro se necesitan seis gramos de mercurio. En la región, miles de toneladas de este metal pesado cruzan la frontera hacia Bolivia por el puente Internacional de Desaguadero, donde también se comercializa oro de contrabando. Una parte de este mercurio regresa en forma de contaminación: se libera al quemar la amalgama y termina en los ríos, envenenando el agua, los peces y, finalmente, a las personas.
ASÍ NOS MATA…
Cuando entra en contacto con la naturaleza, el mercurio se convierte en metilmercurio, un veneno que asciende por la cadena alimenticia: contamina truchas, carachis y otras especies del lago; envenena aves y ganado, y termina en los cuerpos humanos. Ataca el sistema nervioso, daña riñones y afecta a bebés en gestación, dejando secuelas irreversibles.
VENENO AL TITICACA
En Puno, la mayoría de relaves mineros son arrojados al río Ramis, el principal afluente de Puno, y caudal tributario del Titicaca.
Las poblaciones ubicadas en las bahías de Suches, Coata y Ramis presentan altos índices de metales pesados como plomo, mercurio y cianuro, lo que produce que familias enteras consuman agua contaminada; mientras que agricultores riegan sus campos con las mismas aguas, lo que por extensión pone en riesgo no solo la producción de quinua y cosechas en toda la zona, sino también la salud de los consumidores de estos productos.
MUERTE LENTA
“Estamos ante un problema de salud pública y ambiental que nadie quiere mirar. El Ramis y el Titicaca se están muriendo lentamente por el mercurio”, afirma el docente e investigador Ángel Canales, quien viene estudiando los impactos de la minería ilegal en el altiplano.
En comunidades cercanas ya se han detectado altos niveles de mercurio en sangre y cabello que superan los límites de seguridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Madres gestantes y niños pequeños son los más afectados: los primeros consumen peces contaminados, mientras que los segundos presentan déficit cognitivo y problemas motores.
¿SUJETO DE DERECHOS?
Aunque los daños son evidentes, la contaminación con mercurio en Puno sigue siendo un tema invisibilizado en la agenda pública. El Estado aún no ha implementado medidas efectivas para frenar la expansión de la minería ilegal en la región, mientras que la ordenanza que reconoce al lago Titicaca como sujeto de derechos se mantiene más como un símbolo que como una herramienta de protección real.
“Este no es solo un problema ambiental, sino también social y económico. La minería ilegal roba millones al Estado, pero también le roba la salud y el futuro a las comunidades del altiplano”, concluye Salvador Apaza, alcalde de Azángaro, una de las provincias más golpeadas por la contamina.
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