La trampa mortal de llevar a los niños en brazos

La trampa mortal de llevar a los niños en brazos

La trampa mortal de llevar a los niños en brazosLa trampa mortal de llevar a los niños en brazos

Viajar con niños en auto siempre es una verdadera aventura. Durante el trayecto, nos preguntan mil cosas curiosas y están atentos a cada pequeño detalle del paisaje que nosotros, como adultos sumergidos en la rutina, muchas veces pasamos por desapercibido. Sin embargo, en medio de esa hermosa distracción sobre ruedas, hay un detalle sumamente importante que nunca podemos olvidar ni tomar a la ligera: el uso correcto de la silla de seguridad o carseat. No se trata de un lujo innecesario o de cumplir a la fuerza con una norma aburrida del reglamento de tránsito que muchos prefieren olvidar; se trata de entender con el corazón que esas personitas que amamos tanto tienen que estar perfectamente aseguradas cada vez que suben a un auto.

En nuestro día a día, que muchas veces se siente como un caos total por el apuro y el estar corriendo constantemente contra el reloj, es muy fácil caer en la tentación de justificar los descuidos. Podemos llegar a pensar cosas como: «es aquí nomás, a la vuelta», «voy despacio, no pasa nada» o «mejor lo llevo en brazos esta vez para avanzar rápido». Esta forma de pensar es una trampa potencialmente mortal. La física es implacable y no perdona. En un percance de tránsito a solo 40 km/h la fuerza del impacto multiplica el peso de un niño, convirtiéndolo en una masa imposible de contener, por más amor, instinto o fuerza física que tengamos en los brazos en ese instante.

Además, es vital recordar que no tiene que ocurrir un choque brutal para que se desate una tragedia. Puede ser simplemente una frenada brusca provocada por un bache imprevisto, o alguien irresponsable que te mete el carro de repente en la avenida. Ese conductor seguirá con su vida como si nada, pero para un niño que no está asegurado correctamente dentro del auto, puede transformarse en algo mucho peor que un simple susto.

Por otro lado, el cinturón de seguridad tradicional de los autos no es una opción para los más chicos. Estos sistemas de retención están diseñados exclusivamente para la anatomía de un adulto. En un niño, un cinturón mal ubicado puede causar lesiones severas en el cuello o el abdomen ante cualquier tirón fuerte. En cambio, el carseat está científicamente diseñado para abrazar su cuerpo, distribuir las fuerzas del impacto de manera uniforme y proteger su cabeza, manteniendo la columna vertebral y el cuello completamente seguros.

Es completamente comprensible que el día a día sea agotador y que en muchas ocasiones tengamos que lidiar con berrinches para que los niños se suban a la silla. Pero la seguridad de nuestros hijos no es negociable. Es una responsabilidad hermosa pero estricta que como padres tenemos que asumir. El uso del carseat no es un castigo para ellos, es una necesidad. Hagamos un pacto de responsabilidad y cariño por nuestros niños: invirtamos en su bienestar, tomémonos esos dos minutos extra para verificar que estén bien ajustados antes de encender el motor y recién ahí podremos disfrutar de verdad de un viaje sabiendo que viajan protegidos.

Redactado por: Dr. Gonzalo Gallegos Oyanguren

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