Un 15 de abril de 1938, en la ciudad de París, falleció el poeta peruano César Vallejo, una de las figuras más importantes de la literatura universal. Tenía 46 años.
Su muerte ocurrió en medio de dificultades económicas y problemas de salud que marcaron sus últimos años en Europa. Vallejo había llegado a Francia en 1923, buscando nuevas oportunidades lejos del Perú, entonces bajo el gobierno de Augusto B. Leguía.
Su partida quedó envuelta en un simbolismo que hasta hoy conmueve a lectores y estudiosos. En su poema «Piedra negra sobre una piedra blanca», escribió: “Me moriré en París con aguacero…”, versos que muchos interpretan como una premonición de su destino.
Durante su estancia en Europa, Vallejo desarrolló una intensa producción literaria y política. Obras como «Trilce» y «Poemas humanos» consolidaron su legado, mientras que su compromiso social lo llevó a involucrarse en movimientos políticos y a residir también en España.
Aunque su poema hablaba de un “aguacero”, aquel día en París solo caía una lluvia ligera. Su fallecimiento, ocurrido un Viernes Santo, marcó el fin de una vida atravesada por el exilio, la lucha y la creación literaria.
Inicialmente fue enterrado en el cementerio de Montrouge, pero sus restos fueron trasladados en 1970 al cementerio de Montparnasse, donde reposan hasta hoy.
A 88 años de su muerte, César Vallejo sigue siendo una voz esencial de la poesía en español, cuya obra continúa vigente y profundamente humana.

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