La Reforestación

La Reforestación

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Descalzo sobre la tierra húmeda y fría, estaba meditando a 2,400 metros sobre el nivel del mar, en el Parque Nacional Yanachaga Chemillén, rodeado de niebla y naturaleza. En esa quietud, pensé que solo tenemos una vida, o sea, solo se vive una vez, y que en esa vida al menos debemos sembrar un árbol como parte de nuestro legado al planeta. También recordé que hace más de diez años codiseñé uno de los proyectos más bonitos de mi trayectoria: proteger la Amazonía peruana a través de la educación y la reforestación. Hoy, esos objetivos siguen vivos. Y esa continuidad no es casualidad, sino el resultado de decisiones sostenidas en el tiempo.

La selva peruana alberga más del 60 % del territorio nacional y es uno de los reservorios de biodiversidad más importantes del planeta. Sin embargo, cada año pierde miles de hectáreas por deforestación, tala ilegal, agricultura migratoria y expansión de infraestructura sin planificación. Solo entre 2001 y 2023, el Perú perdió más de 2.6 millones de hectáreas de bosque primario. La erosión del suelo, la alteración de los ciclos hídricos y la fragmentación de hábitats son consecuencias directas que afectan tanto a los ecosistemas como a las comunidades que dependen de ellos.

Frente a ese escenario, reforestar con especies nativas no es un gesto simbólico: es una intervención técnica que restaura funciones ecológicas críticas. Especies como el ulcumano, el nogal, la sangre de grado o el palo perejil no solo recuperan cobertura boscosa, sino que estabilizan suelos, regulan el agua, capturan carbono y reconstruyen corredores biológicos. La diferencia entre plantar cualquier árbol y plantar el árbol correcto en el lugar correcto es la diferencia entre un proyecto decorativo y uno transformador.

Eso es exactamente lo que están haciendo Grupo Mebol y la ONG CNEH-Perú en Oxapampa, Huancabamba y Chontabamba: sembrar 1,000 árboles nativos con acompañamiento técnico y seguimiento a mediano plazo, en el marco de su campaña «Cuando ayudamos, nos ayudamos». Lo valioso de esta iniciativa es que integra el eje ambiental con el social, articulando al sector privado, la sociedad civil y las comunidades locales. No es filantropía pasiva; es estrategia de sostenibilidad con resultados verificables.

La Amazonía peruana no necesita solo protección pasiva. Necesita restauración activa, educación ambiental continua y modelos de negocio que demuestren que producir y conservar no son fuerzas opuestas. Cada árbol nativo que vuelve a la tierra es una apuesta concreta por un futuro donde la economía y la ecología conversen.

Hoy les mando un saludo y agradecimiento a los voluntarios que nos ayudaron a reforestar: Danitza, Janelle, Edilia, Edith y Adrián.

Desde aquella montaña en Yanachaga Chemillén, la vista era clara: el bosque que se recupera no solo sostiene al ecosistema, nos sostiene a todos.

Hoy tu DJ de periódico favorito te recomienda a Natalia Lafourcade y su canción “Hasta la Raíz”.

Un saludo y te veo pronto.

 

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