Gustave Flaubert mi patrón

Gustave Flaubert mi patrón

- En AL GRANO
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Wilfredo MendozaWilfredo Mendoza

A propósito del Bicentenario, que pese a todos los esfuerzos del gobierno de Francisco Sagasti, la verdad, pasó con más pena que gloria, gracias al gobierno de Perú Libre, en medio de groseras metidas de pata, con nombramientos al azar, para en el menor lapso de tiempo dejarlos en suspenso, porque se percataron muy tarde de que más de uno tenía un prontuario policial y judicial antes que logros académicos o laborales. En fin…

A riesgo de cometer un sacrilegio, en Francia vienen celebrando este año el Bicentenario del nacimiento de Gustave Flaubert, el patrón de las letras. Un verdadero prodigio sobre la disciplina para escribir. Un auténtico patrón que todos deberíamos leer más de una vez.

Si les comento que es el autor de Madame Bovary, recién caerán en la cuenta sobre la importancia de Flaubert, a quien llegué de mera casualidad, como muchas cosas en mi vida, gracias a Mario Vargas Llosa, por la lectura de La orgía perpetua, delicioso ensayo que adquirí en los libreros de Deán Valdivia, propiedad de la Biblioteca Municipal, y que en un arranque de honradez intenté devolver, pero nunca lo hice. Me ganó mi pasión por los libros. Lector que compra a ladrón, supongo que tiene perdón.

Pero vayamos a Gustave, a quien le creo la frase atribuida a Oscar Wilde: “Un puñado de personajes literarios han marcado mi vida de manera más durable que buena parte de los seres humanos de carne y hueso que he conocido”. Madame me cambió para siempre jamás. La mujer inconformista que no se resigna a llevar una existencia rutinaria y monótona.

Flaubert tenía tal disciplina, que a veces demoraba semanas enteras en colocar un adjetivo a sus escritos. Una virtud que nos falta tanto en estos tiempos de pandemia y despelote político. El patrón francés es un escritor que por obligación moral debemos leer y releer, para salir del inconformismo e inutilidad en que nos debatimos.

Su hechizo sigue vigente, pese a que la escribió en 1856. Ni más ni menos. Y aunque han transcurrido tantos años, se desliza poderosa la historia de Emma Bovary, para en base al talento y el denodado trabajo, Flaubert escribió una obra maestra.

Al final del final, sería bueno volver a sus líneas para entender que por más mísera que resulte nuestra existencia, siempre podemos transformarla en una vida algo digna, reitero, «algo», porque la mediocridad que nos rodea nos mata de a pocos, y urge salir de este marasmo para disfrutar de los placeres materiales y espirituales que vamos deshaciendo lenta, muy lentamente.

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