No soy un amante del Facebook, publico muy poco, casi nada. Salvo cada domingo, estos textos pretextos que pergeño para combatir la soledad, el encierro, la tristeza o el fatal abatimiento frente a tanta idiotez o estupidez en que vivimos, más en esta red social, donde supongo soy nadie. Me importa poco.
Sin embargo, hace algunos días rompí mi silencio y me enfrasqué en una “pelea” inútil, como todas, con un desadaptado que, a propósito de los 85 años del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, escribió una suerte de palabrotas irreproducibles, pero que buscaban minimizar a MVLl, o burlarse por sus opiniones políticas o su vida privada. Nada más absurdo.
Creo y lo afirmo que MVLl es un referente de lectura obligada no solo en colegios y universidades, sino también en nuestra sociedad, porque su vocación por escribir es la fe inquebrantable de un ser humano imperfecto, que ha escrito una de las obras mayores de la literatura peruana y universal.
La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, deben ser libros de lectura obligatoria, pero que muchos peruanos solo mencionan, y solo han leído apenas un resumen, cuando su lectura nos transporta a conocer para conocernos y encontrarnos en nuestra historia, o lo que queda de ella.
MVLl es el resultado de una vocación permanente por querer alterar la torpe realidad y conseguir un mundo paralelo, ni mejor ni peor, solo distinto, en base a eso que llamamos disciplina para escribir todos los días, de 9 a 2 pm, los 7 días de la semana, todos los meses del año. Y lograr lo que ha logrado, como es el premio mayor: el Nobel de Literatura.
Este cronista recuerda nítidamente el 7 de octubre del 2010. El director del diario de la calle Bolívar, un buen periodista pero una mala persona, me encargó elaborar un suplemento, y sus palabras fueron proféticas: “Ni en 100 años tendremos otro Nobel”. Cuánto de verdad, recuerdo ahora, y sacamos un suplemento dedicado al flamante Nobel de Literatura. Lo registra mi historia personal.
No voy a reiterar elogios a la obra de MVLl, solo insistir que en él se juntan pasión, vocación y disciplina, “por su cartografía de las estructuras del poder, y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Eso sobra y basta, y al menos en nuestro país, donde se habla mucho con pasión exacerbada, vocación suicida y nada de disciplina.
No quiero concluir estas torpes líneas sin dejar de agradecer a MVLl, quien me inoculó, sin saber, mi pasión por leer y escribir, este remedo de algo que nunca puede ser peor, salvo la de una vocación por construir delgadas líneas casi invisibles, que me ayuden a superar la soledad y tristeza en estos días largos de pandemia.

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